Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —El beg Hossein únicamente ama a la bella Talmá; su corazón no late sino por la más esplendente hija de los sartos. Nada tiene que temer Abei de mÃ, padre; bien sabes que soy leal.
—Sà —reconoció el viejo beg ya tranquilo—, eres demasiado noble para engañar a tu primo. Los dos han crecido juntos; su padre y el tuyo eran hermanos y ambos cayeron valientemente combatiendo contra las falanges del khan de Bukara; por tus venas y las de Abei corre la misma sangre. Los adopté a los dos y los amo como si fuesen carne de mi carne; todas mis riquezas les pertenecerán un dÃa, pero ¡guay si surgiere entre ustedes alguna rivalidad! ¡El anciano Giah Agha, el antiguo guerrero que hizo temblar hasta a los rusos, serÃa inexorable!
—Soy leal —repitió el joven— y sólo amo a ti y a Talmá.
En ese instante Tabriz se levantó rápidamente para contener a los perros que se habÃan puesto a aullar y forcejeaban por lanzarse afuera.
—¿Qué pasa? —preguntó el señor—. ¿Es el murmullo del viento o los dulces sones de una «guzla» lo que percibe mi oÃdo? ¿Quién puede ser el hombre que en una noche semejante se divierta haciendo música en medio de la estepa?
No habÃa terminado de decirlo cuando el grueso lebrel dio un fuerte ladrido y Tabriz informó: