Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Oigo nÃtidamente el galope de un caballo. ¿Será alguno de la caravana?
Hossein sin hablar tomó su largo fusil y lo martilló.
—¿Qué haces? —le preguntó el beg.
—Puede ser un «águila», padre —respondió el joven yendo a reunirse con Tabriz que trataba de atravesar las tinieblas con la mirada.
—SÃ, es un caballo —confirmó el coloso turcomano— y parece venir de occidente. ¿No lo distingues, patrón?
En la oscura lÃnea del horizonte que el leve resplandor de algún relámpago lejano alumbraba de cuando en cuando se divisaba la figura de un animal que se acercaba en carrera desenfrenada.
—¿Quién vive? —le gritó Hossein apuntando su fusil cuando estuvo a corta distancia.
—¡Abei Dullah! —contestó una voz traÃda por el viento.
—¡Mi primo! —exclamó el joven sorprendido—. ¿Por qué habrá abandonado la caravana que conduce los regalos de boda para mi prometida? ¿Habrá sido asaltada por los bandoleros esteparios?
El jinete, que avanzaba a gran velocidad haciendo dar al corcel saltos extraordinarios para salvar las grietas del terreno, en pocos segundos estuvo junto a la tienda y abandonó la silla con habilÃsimo movimiento.