Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Ambos corceles corrÃan como si en efecto hubiesen querido ganar en velocidad al viento que barrÃa sin descanso la interminable llanura. Eran dos bellos ejemplares persas, menos delgados y de formas más bellas que los de raza árabe, de cabeza alargada y patas sutiles y nerviosas. Los animales de la estepa turquestana, donde los hay en abundancia ya que todas las tribus se dedican a su crÃa, son de una resistencia increÃble, pero no tienen el galope fogoso de los oriundos de Persia, en especial los del Jorasán, que son los más estimados, aunque en verdad exigen mayores cuidados que los autóctonos, los cuales no necesitan ninguno, y sus propietarios antes de ponerlos en venta los someten a pruebas extraordinarias.
Hossein y Tabriz, a galope tendido, aguzaban el oÃdo temerosos por instantes de que les llegara el estruendo de alguna descarga anunciadora de que el ataque a la morada de Talmá habÃa principiado. Pero el viento soplaba del sud y dada la lejanÃa, aunque se hubiese producido no hubieran podido percibirlo.
—¿Llegaremos a tiempo, patrón? —preguntó el servidor cuando habÃan galopado algunas milla—. Nuestros caballos despliegan una velocidad endiablaba, pero antes de una hora no nos será posible llegar a la casa de tu prometida. Y en ese tiempo puede tomarse de asalto hasta un fortÃn.