El buque maldito
El buque maldito »—Majestad —contestó humildemente—, procuro que todo esté listo para el banquete de mañana.
»—¿Un banquete? —pregunté—. ¿Me ofrece mi pueblo una comida nacional?
» Kara-Olo me miró con sorpresa. Pero, ¡si es Vuestra Majestad quien da el banquete al pueblo?...
»—¿Yo?
» SÃ, Majestad — respondió sincero y cándido mi primer ministro—. Ya está Vuestra Majestad bastante gordo, y estaba yo calculando si cabrÃa el cuerpo de Vuestra Majestad en esta olla.
»¡Lo comprendà todo! Iban a comerse a su rey, a su rey Catrame. Para eso me habÃan cebado con tanto afán, tratándome verdaderamente a cuerpo de rey, Permanecà bastante rato sin atreverme a respirar, inmóvil, estupefacto. En aquel instante estoy seguro de que debÃa de estar lÃvido como un espectro. Si me hubieran abierto una vena no habrÃa salido una sola gota de sangre.
»Corrà a encerrarme en mi choza. Un sudor frÃo bañaba todo mi cuerpo. No sé cuántas horas permanecà anonadado sentado en mi trono. Cuando volvà en mÃ, cuando fui capaz de reflexionar, terminaba casi la noche. Un silencio absoluto reinaba en la aldea. No tardé mucho en adoptar una resolución desesperada.