El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Dudo de vuestro valor! —repuso el polaco—. Sois muy joven para merecer la fama de célebre guerrero, y, además… Tengo mis dudas…
Al oÃr estas palabras el joven se puso pálido y un relámpago pasó por sus ojos negros.
—Cuatro meses hace —exclamó— que combato en las trincheras y en los fuertes, admirado por mis guerreros y por todos. Vos no habéis matado nunca tantos turcos como yo; ¿lo oÃs, capitán aventurero?
Esta vez fue el polaco quién palideció.
—¿Aventurero yo, a vuestro lado? —gritó.
—¡SÃ, porque yo tengo una corona ducal en mi armadura!
—¡Yo me pondré una real en la coraza! —repuso el polaco riendo—. ¡Sea como fuere, yo os digo, duque, o… duquesa, que no tenéis el valor de poneros ante mi espada!
—¡Duque, ya os lo he dicho! —exclamó el joven y arrogante capitán—. ¡Eso lo arreglaremos entre los dos!
Los mercenarios, que se habÃan agrupado a la derecha de su capitán, empuñaron las alabardas y dieron un paso hacia adelante en actitud de lanzarse sobre el polaco y hacerle pedazos.