El Capitán tormenta
El Capitán tormenta Hasta el propietario de la barraca se habÃa levantado de su banco y, cogiendo un barrilito vacÃo, se disponÃa a arrojarlo sobre el imprudente aventurero; pero un gesto, que no admitÃa réplica, del capitán Tormenta le contuvo.
—¿Dudáis de mi valor? —dijo con tono irónico—. Pues bien; todos los dÃas un joven turco, indudablemente muy valiente, se detiene bajo nuestras murallas retando al más hábil espadachÃn a medir con él sus armas. Mañana no dejará de venir. ¿Os sentÃs con valor para hacerle frente? Yo, sÃ.
—¡Me lo comeré de un bocado! —repuso el polaco—. ¡Yo no temo a los turcos! ¡No soy veneciano ni dálmata! ¡No valen lo que los tártaros rusos!
—¡Hasta mañana!
—¡El demonio me lleve si falto!
—Ya estaré yo allÃ.
—¿Quién combatirá primero?
—¡Como gustéis!
—Puesto que soy el más viejo, yo seré el primero; después probaréis vos, capitán Tormenta.

—Sea, si asà os agrada. Al menos, no se dirá que los defensores de Famagosta se matan entre sÃ.
—Y será más prudente —dijo el polaco—. ¡La espada de Laczinski matará asà a un guerrero más del ejercito de Mustafá!