El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Desenvainad las cimitarras y carguemos a fondo! ¡Yo respondo de todo!
Espoleando a su caballo, le hizo dar un salto de tal modo, que, empujando al polaco, le tiró al suelo antes de que pudiera retirarse.
—¡Bergante! —aulló el capitán rodando por tierra—. ¡Fuego, genÃzaros!
—¡A galope! —gritó Muley-el-Kadel.
Los diez jinetes se lanzaron a galope con las cimitarras levantadas, pero no tuvieron ocasión de hacer uso de ellas, pues los genÃzaros, en vez de disparar se separaron precipitadamente presentando armas y gritando todos a una:
—¡Larga vida al León de Damasco!
La comitiva atravesó el puente levadizo como un huracán y se lanzó por el campo.
El turco dirigió su caballo de modo que se alejaban del campamento para no ser nuevamente detenidos, lo que les hubiera hecho perder tiempo, y se orientó resueltamente hacia el Levante, donde se distinguÃa una lucecita que podÃa confundirse con una estrella.
—¿Es el faro de Luda? —preguntó Perpignano.
—Sà —repuso Muley-el-Kadel.
—¿Cuándo llegaremos a la orilla del mar?
—Con estos caballos no tardaremos más de hora y media. Es necesario que embarquéis antes del alba, para evitar explicaciones con las autoridades turcas.