El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —El viento es favorable. Dentro de diez horas anclaremos en la rada de Hussif.
—¿Sabéis si hay allà prisiones cristianos?
—Eso dicen.
—¿Y que entre ellos hay un gentilhombre francés?
—Puede ser, señor.
—Llamadme señora, puesto que soy mujer.
El griego no hizo ni un gesto de sorpresa. Evidentemente lo sabÃa, bien por el tÃo Stake o por los esclavos de Muley-el-Kadel que habÃan fletado la nave.
—Como gustéis, señora —dijo.
—¿Conocéis ese castillo?
—SÃ, porque he estado allà prisionero.
—¿Quién lo gobierna?
—La sobrina de AlÃ-Bajá.
—¿Del almirante turco?
—SÃ, señora.
—¿Qué clase de mujer es?
—BellÃsima y muy enérgica, y se dice que muy cruel con los prisioneros cristianos. Me castigó a no comer seis dÃas seguidos por una mala respuesta que le di, y ordenó que me proporcionaran tal paliza, que aún conservo las señales, a pesar de haber transcurrido seis meses.