El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Pobre Le Hussière! —murmuró la duquesa—. ¿Cómo habrá podido someterse, él tan altivo y tan intolerante?
Y después de breve pausa, añadió:
—¿Podremos entrar en el castillo fingiéndonos emisarios de Muley-el-Kadel?
—Correréis una aventura peligrosÃsima, señora —repuso el griego—; sin embargo, no creo que haya otro medio de entrar en él.
—¿Podremos arribar sin tener fastidiosos encuentros?
—Lo dudo, señora. Es probable que en la rada haya alguna galera del bajá, y que su comandante nos detenga para saber quiénes somos, de dónde venimos, e infinidad de cosas más.
—¿Está lejos del mar del castillo?
—Algunas millas, señora.
—Si encontrásemos la nave que teméis, la asaltaremos y la echaremos a pique —respondió con acento resuelto la duquesa—. Estamos decididos a todo, y creo que vos no perderÃais la ocasión de vengaros de los padecimientos que os han hecho sufrir los turcos —añadió la joven.