El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —Podéis contar con nosotros —replicó el griego—; el renegado es peor mirado que el esclavo, despreciado por los turcos y objeto de escarnio para los cristianos. ¡Por mi parte, prefiero la muerte a seguir en esta vida infamante! Desde que para salvarme del palo y de los crueles tratos de los turcos renegué de la Cruz, nadie me ha tendido la mano, y eso que la mÃa se portó valientemente en Negroponto y en Candia.
HabÃa en la voz del griego tal acento de dolor, que la duquesa, profundamente conmovida, le alargó la diestra, diciendo:
—¡Tomad esta, que os ofrece el capitán Tormenta!
El renegado hizo un gesto de sorpresa.
—¡El capitán Tormenta! —exclamó—. ¡Vos sois el héroe que venció al León de Damasco! ¡Vos, una mujer!
El griego habÃa cogido la mano y se la besaba.
—¡Vuelvo a ser cristiano y hombre libre! —dijo—. ¡Señora, podéis disponer de mi vida!
—Procuraré que no la perdáis, Nikola —replicó la duquesa—. Ya son muchos los cristianos muertos en esta desgraciada guerra, para sacrificar aún otro más.
En aquel momento se acercó el tÃo Stake, contoneándose como un oso.
—¡Algún curioso se pasea por el mar! —dijo.