El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¿Qué queréis decir, tÃo Stake? —preguntó la duquesa.
—Hace un rato he descubierto dos punto luminosos en el horizonte.
—Ya estamos en aguas de Hussif —dijo el griego—. ¿Acaso habrá en la rada alguna nave del bajá?
—¿Qué debemos hacer? —interrogó la duquesa.
Proseguir nuestra ruta. Nuestra goleta es buena velera, y no se dejará alcanzar. Si advertimos cualquier peligro, viraremos de bordo y nos alejaremos de la costa.
—Por precaución, mandaré cargar las culebrinas —dijo Perpignano, que se habÃa acercado al grupo—. ¿Hay algún artillero a bordo para ayudarme?
—Son todos soldados —dijo el griego—, y saben manejar lo mismo el arcabuz que el cañón, porque han peleado todos en Rodas y Candia con los venecianos.
—Seguidme al puente: allà veremos mejor.
—Yo, mientras tanto, haré preparar las armas con El-Kadur —dijo la duquesa—. ¡Lo mejor es estar prevenidos!
La goleta, hábilmente pilotada por Nikola, que habÃa empuñado de nuevo la barra del timón, continuó su nimbo hacia la rada.
—¿Entraremos en la rada? —dijo la duquesa.