El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Por la Cruz y por la Medialuna! —dijo el polaco—. ¡Dadme vuestra mano!
La duquesa dejó que su diestra fuese estrechada por las dos callosas manos del aventurero.
—¡Esta noche la galera será pasto de las llamas desde la estiba al trinquete! —dijo el polaco—. ¡Adiós, dulce prometida; no os quejaréis de mÃ!
Abrió la puerta y salió sin hacer mido.
La duquesa permaneció en pie, inmóvil, con los ojos animados por un siniestro fulgor y los brazos cruzados sobre el pecho.
—¡Maldito renegado! —exclamó al fin—. ¡Lo mismo que me burlé de Haradja, me burlaré de ti! ¡Yo no he jurado sobre la Cruz!