El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Fuera de aquÃ, miserables! —gritó—. ¡Debo llevar a Haradja a la joven y a los cristianos y quiero cumplir mi promesa! ¡Fuera, o mi espada derramará sangre musulmana!
En aquel momento llegaba la duquesa con El-Kadur, seguida por el polaco y el médico, que llevaban al vizconde.
—¡Paso! —gritó el árabe—. ¡La señora primero!
Mientras los griegos y Perpignano, ayudados por Metiub, rechazaban a los turcos para abrir paso a la duquesa, un grupo de marineros que trataban de huir de la lluvia de chispas que caÃa sobre cubierta se precipitó entre los cristianos separándolos.
El polaco, que aún no habÃa llegado a la borda, fue envuelto entre ellos y llevado hacia estribor.
—¡Este es el momento! —murmuró—. ¡Qué Mahoma o el diablo me ayuden!
No viendo a la duquesa ni a los venecianos, se volvió hacia el médico, diciéndole:
—¡Sálvate, y no te cuides de mÃ! ¡Yo me encargaré del herido! ¡Date prisa, o no encontrarás sitio en las chalupas!
Y seguro de no ser observado a causa del denso humo que lo envolvÃa todo, saltó por la borda de estribor con el vizconde en brazos y se dejó caer en el mar.