El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¿Y tú, Muley?… —preguntó la duquesa con extrema ansiedad.
—¡La vida es muy bella a tu lado para que obedezca! —replicó el joven León de Damasco—. ¡Reniego de la religión de mis padres y de Mahoma, y abrazo la tuya! ¡Llévame a Italia, Leonor! ¡Desde este momento soy cristiano, y sabes cuánto te amo!
Ya de noche, favorecida por las tinieblas, una goleta zarpaba silenciosamente de la rada de Luda con rumbo a Italia.
Llevaba a bordo a la duquesa, a Muley-el-Kadel, a Perpignano, a los dos marineros y los renegados griegos.