El Capitán tormenta
El Capitán tormenta El gran visir limpió su cimitarra en la gualdrapa de su caballo, la envainó frÃamente, y, con el puño extendido hacia Famagosta, gritó con voz terrible, parecida al retumbar del trueno:
—¡Y ahora, perros cristianos, pagaréis la sangre que he vertido! ¡Nos veremos esta noche!