El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Oh! —dijo, cambiando de tono y esbozando una sonrisa—. ¡Ya sabéis, valientes mercenarios, que me gusta bromear! ¡Ya hace cuatro meses que combatimos juntos contra esos perros descreÃdos y sé cual es vuestro valor! Asà que señor Perpignano, ya que los turcos nos dejan tranquilos un rato, reanudemos nuestra partida. Tengo todavÃa una veintena de cequÃes que están deseando salirse del bolsillo.
Como para contradecir a las palabras del capitán, en aquel momento se dejó oÃr el estampido del cañón.
—¡Ah, bandidos! ¡Ni de noche nos dejan en paz! —exclamó el charlatán polaco—. ¡Bah! ¡Aún nos darán tiempo para perder o ganar unos cuantos cequÃes! ¿No os parece, señor Perpignano?
—Estoy a vuestra disposición, capitán.
—¡Removed los dados!
—¡Nueve! —exclamó Perpignano, echando los dados sobre el taburete que les servÃa de mesa de juego.
—¡Tres!
—¡Once!
—¡Siete!
—¡Gané!
Un juramento salió de los labios del poco afortunado capitán, mientras a su alrededor estallaron algunas risas, pronto reprimidas.
