El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —¡Todos han sido exterminados! Mustafá solo ha perdonado a las mujeres y a los niños, para mandarlos esclavos a Constantinopla.
—¿Pero cómo habéis escapado vos de las cimitarras turcas?
—Ya os lo he dicho: por un verdadero milagro. Cuando ya todo estaba perdido y los genÃzaros escalaban los fuertes ya indefensos, seguà en su fuga a los supervivientes de la rotonda del fuerte de San Marcos. HuÃa a la ventura, sin saber dónde encontrar un refugio, sintiéndome perdido, cuando una voz humana salió de entre los escombros de una casa medio derruida. «¡AquÃ, joven!», me gritaban. Atravesé una cancela obstruida por cascotes y escombros y vi a dos hombres que me hacÃan señas desesperadas. ¡Era la salvación! Entre los dos me llevaron a una especie de cantina oscurÃsima cuando ya por las heridas y la debilidad casi no podÃa tenerme en pie.
—¿Quiénes eran esos hombres? —preguntó la duquesa.
—Dos marineros venecianos, del refuerzo del capitán Martinengo: un contramaestre y un gaviero.
—¿Dónde están ahora?
—Escondidos en la cantina, cuya entrada han disimulado con escombros, a fin de que los turcos no los descubran.