El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —Y acaso nos pierda y nos entregue a Mustafá antes de que podamos huir —dijo Perpignano.
El turco sonrió despreciativamente.
—¡Muley-el-Kadel vale más que un miserable renegado! —dijo—. ¡Que pruebe, si se atreve, a estorbar mi camino!
Y cambiando de tono y dirigiéndose a la duquesa, añadió:
—QuerÃais saber dónde mis compatriotas han encerrado a Le Hussière, ¿no es cierto?
—¡SÃ! —dijo levantándose la duquesa con el rostro coloreado por la emoción.
—Sé dónde está. En el castillo de Hussif, donde permanecerá hasta el término de la guerra.
—¿Dónde está ese castillo?
—En la bahÃa de Luda.
—¿Custodiado?
—Acaso; no puedo decirlo a punto fijo.
—¿Como puedo llegar hasta all�
—Por mar, señora.
—¿Podremos encontrar alguna goleta?
—Ya he pensado en eso, señora. Ya sé a quién dirigiros —dijo Muley-el-Kadel.
—¿A turcos?