El Capitán tormenta
El Capitán tormenta —SÃ, que aprestarán una pequeña nave, con tal de que tengáis la precaución de haceros pasar por musulmanes. En Luda encontraréis fácilmente renegados que no tendrán en su corazón nada de nuestra fe —dijo sonriendo el turco—, y que gustosos se prestarán a seros útiles. Señora, ¿podréis sosteneros a caballo?
—Creo que sà —contestó la duquesa—. Mi herida no es tan grave como parecÃa.
—Os aconsejo que partáis esta misma noche. Los genÃzaros o el polaco podrÃan descubrir vuestro refugio, y toda mi popularidad no serÃa bastante para salvaros.
—¿Y cómo podremos atravesar la lÃnea musulmana que rodea a Famagosta?
—Os acompañaré yo hasta la retaguardia turca —repuso Muley-el-Kadel—, y nadie se atreverá a detenemos. Bastará mi nombre para abrimos paso.
Y abriendo uno de los fardos, le presentó un rico traje albanés recamado de oro.
—Para vos, señora —añadió—: el capitán Tormenta se convertirá en un capitán albanés que harÃa perder la cabeza a todas las mujeres del harén de Mustafá.
—¡Gracias, Muley-el-Kadel! —repuso la duquesa vistiéndose con ayuda de El-Kadur.