El Corsario Negro
El Corsario Negro El Corsario entre tanto miraba al mar, dirigiendo la vista a la lejanÃa. Antes de embarcarse querÃa estar seguro de si navegaba en aguas del lago la escuadra del almirante Toledo. No distinguiendo nada, miró hacia el Norte y vio sobre el llameante mar una gran mancha negra que se destacaba entre la fosforescencia.
—¡Allà está El Rayo! —dijo—. ¡Buscad la chalupa y tomemos el lago en seguida!
Carmaux y Wan Stiller se orientaron lo mejor que pudieron, pues no sabÃan en qué parte de la playa se encontraban, y se alejaron apresuradamente, subiendo la costa hacia el Norte y mirando con gran atención entre los paletuvios, cuyas raÃces y hojas bañaban las ondas luminosas.
Después de recorrer más de un kilómetro lograron descubrir la canoa, que la marea baja habÃa dejado entre la espesura. Se embarcaron y se dirigieron hacia el sitio donde los esperaban el capitán y el negro.
Colocaron el cadáver cuidadosamente, envuelto en el ferreruelo negro, le taparon el rostro e inmediatamente se hicieron mar adentro remando de un modo vigoroso.
En la proa se habÃa sentado el negro con el fusil del prisionero español entre las rodillas, y el Corsario a popa, frente al cuerpo del ahorcado.