El Corsario Negro
El Corsario Negro Los dos miraron al Corsario Negro; pero este seguÃa inmóvil con la cabeza entre las manos y los ojos fijos en el cadáver.
—¡Adelante y que Dios nos asista! —murmuró Carmaux, haciendo seña a Wan Stiller para que volviese a coger los remos.
En seguida, inclinándose hacia el negro, le preguntó:
—¿Has oÃdo ese grito, compadre?
—Sà —contestó el africano.
—¿Qué crees que haya sido?
—Quizá lo haya lanzado un lamantino (especie de cetáceo).
—¡Hum! —murmuró por lo bajo Carmaux—. Habrá sido un lamantino, pero…
Se interrumpió bruscamente y palideció.
En aquel mismo instante y detrás de la popa de la chalupa, entre un cÃrculo de espuma luminosa, desaparecÃa una forma oscura e indecisa, hundiéndose en el acto en los negros abismos del golfo.
—¿Has visto? —le preguntó con voz ahogada a Wan Stiller.
—¡SÃ! —contestó este, castañeando los dientes por efecto del terror.
—Una cabeza, ¿verdad?
—¡SÃ, Carmaux!
—¿De un muerto?