El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Es el Corsario Verde, que nos sigue en espera del Corsario Rojo!
—¡Me das miedo!
—¿Y el Corsario Negro no ha oÃdo ni visto nada?
—¡Es el hermano de los dos muertos!
—Y tú, compadre, ¿no has visto nada?
—¡SÃ; una cabeza! —contestó el africano.
—¿De quién?
—De un lamantino.
—¡El diablo te lleve a ti y a tus lamantinos! —masculló Carmaux—. ¡Era una cabeza de muerto, negra y sin ojos!
En aquel instante resonó en el mar una voz que salÃa del barco.
—¡Eh! ¡Los de la canoa! ¿Quién vive?
—¡El Corsario Negro! —gritó Carmaux.
—¡Aborda!
El Rayo avanzaba con la rapidez de una gaviota, hendiendo el agua fulgurante con su agudo espolón. Tan negro como era, parecÃa el barco fantasma del legendario y maldito holandés, o el barco féretro navegando por un mar de fuego.