El Corsario Negro
El Corsario Negro —Ahora le ha tocado la vez al Corsario Rojo; pero este también ha sido sepultado en el mar Caribe. El tercero de los hermanos es el más formidable, y concluirá por exterminar a todos los Wan Guld de la tierra.
—Compadre, va a ir a Maracaibo muy pronto. Me ha pedido noticias precisas, a fin de conducir ante la ciudad una flota numerosa.
—El terrible olonés Pedro Nau es amigo del Corsario Negro, y se encuentra todavÃa en las Tortugas. ¿Quién va a poder resistir a esos dos hombres? Y después…
Se interrumpió, y dando con el codo al negro y a Wan Stiller, que estaba a su lado escuchándole en silencio, les dijo:
—¡Miradle! ¿No da miedo ese hombre? ¡Parece el dios del mar!
El filibustero y el africano levantaron los ojos hacia el puente de órdenes.
Allà estaba el Corsario, vestido, como siempre, de negro, con el ancho sombrero echado sobre los ojos y ondeándole la pluma. Llevando la cabeza inclinada sobre el pecho y cruzados los brazos, paseaba con lentitud por el puente, solo y sin producir el menor ruido.
Morgan, el segundo de a bordo, hacÃa la guardia en el otro extremo del puente, sin atreverse a dirigir la palabra a su capitán.