El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿A qué distancia?
—A cinco o seis millas.
—¿Estás seguro de no equivocarte?
—No me equivoco: distingo perfectamente sus faroles.
El Corsario se inclinó sobre la pasarela y pronunció estas tres palabras:
—¡Hombres a cubierta!
Los ciento veinte filibusteros que componÃan la tripulación de El Rayo se colocaron en su puesto de combate: los de maniobra, en las vergas; los gavieros, en lo alto; los mejores arcabuceros, en las cofas, y en el castillo de popa los demás, a lo largo de las mechas encendidas.
Era tal el orden y la disciplina que reinaban a bordo de los buques filibusteros, que en cualquier hora del dÃa o de la noche toda la gente se colocaba en su puesto con una rapidez prodigiosa, desconocida aun en los buques de guerra de las naciones más marineras.