El Corsario Negro
El Corsario Negro En aquel momento, Morgan acudió con una banda de filibusteros. Expugnado ya el castillo de proa, se disponÃa a matar a los pocos supervivientes que defendÃan con el furor de la desesperación el estandarte del barco, que ondeaba en el pico de la randa.
—¡A la carga sobre estos últimos! —gritó.
El Corsario Negro le detuvo, gritando a su vez:
—¡Hombres de mar! ¡El Corsario Negro vence, pero no asesina!
El empuje de los filibusteros se contuvo, y las armas, dispuestas a herir, se bajaron.
—¡RendÃos! —gritó el Corsario adelantándose hacia los españoles, agrupados en derredor de la barra del timón—. ¡Quede a salvo la vida de los valientes!
Un contramaestre, el único de graduación que quedaba vivo, se adelantó, arrojando el hacha, tinta en sangre.
—¡Nos han vencido! —dijo con voz ronca—. ¡Haga usted lo que le parezca de nosotros!
—¡Conservad el hacha, contramaestre! —respondió el Corsario con nobleza—. ¡Hombres tan valientes y que con tanto encarnizamiento defienden el estandarte de la patria lejana, merecen mi estimación!