El Corsario Negro
El Corsario Negro Asà continuó durante algunos minutos; pero de improviso se detuvo ante Morgan y le preguntó a quemarropa:
—¿Creéis que pueden ser fatales algunas mujeres?
—¿Qué queréis decir? —le pregunto estupefacto su segundo.
—¿SerÃais capaz de querer a una mujer sin sentir miedo?
—¿Por qué no?
—¿No os parece más peligrosa una muchacha bonita que un abordaje sangriento?
—Algunas veces, sÃ; pero ¿sabéis lo que dicen los filibusteros de las Tortugas antes de escoger una mujer entre las que envÃan aquà los Gobiernos de Francia e Inglaterra con objeto de que encuentren marido?
—Nunca me he cuidado de los matrimonios de nuestros filibusteros.
—Pues dicen lo siguiente: «De lo que hasta aquà has hecho, ¡oh, mujer!, no te pido cuenta y te absuelvo; pero deberás darme cuenta de cuanto hagas de ahora en adelante». Y señalando al cañón de un fusil, añaden: «Este me vengará; y si tú me faltas, este no me faltará».
El Corsario Negro se encogió de hombros, diciendo:
—¡Bah! Yo me referÃa a mujeres muy distintas de las que envÃan, a la fuerza a las Tortugas los Gobiernos de las naciones del otro lado del mar.