El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Preguntadlo, si podéis, a ellas! ¡Ambos eran hermosos, jóvenes, fuertes, atrevidos, y ahora duermen bajo esas olas, en el fondo del mar! ¡La fúnebre profecÃa se ha cumplido, y de seguro se cumplirá la mÃa, porque siento que aquÃ, en el corazón, se alza una llama gigantesca que ya no puedo extinguir! ¡Sea! ¡Que se cumpla el Destino fatal, si asà está escrito! ¡No me da miedo el mar, y donde duermen mis hermanos, también encontraré yo un sitio! ¡Pero, después, cuando me haya precedido el traidor!
Se encogió de hombros, hizo un movimiento de amenaza con las manos, y en seguida descendió a la cámara, dejando a la joven flamenca más asombrada que nunca con aquellas palabras, que no podÃa comprender.
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Tres dÃas después, y cuando ya el mar se habÃa tranquilizado, El Rayo, empujado por un viento favorable, llegaba a la vista de las islas de las Tortugas, nido de los formidables filibusteros del gran Golfo.