El Corsario Negro
El Corsario Negro Como vestido sólo tenÃan una camisa de tela gruesa manchada siempre de sangre, un par de pantalones bastos, un cinturón ancho que sostenÃa un sable corto y dos cuchillos, zapatos de piel de cerdo y un sombrero.
Sólo tenÃan una ambición: poseer un buen fusil y una jaurÃa numerosa de grandes perros.
Unidos de dos en dos para poder ayudarse mutuamente, al no tener familia, partÃan al alba a la caza, enfrentándose valerosamente a los bueyes salvajes que eran numerosÃsimos en las selvas de Santo Domingo y volvÃan por la noche cargado cada uno de una piel y de un trozo de carne para la comida. Para almorzar se conformaban con chupar la médula de uno de los grandes huesos mayores.
Unidos en confederación, empezaron a molestar a los españoles, que se pusieron a perseguirlos como bestias feroces; y al no poder destruirlos, con grandes batidas exterminaron a todos los bueyes salvajes, poniendo a aquellos pobres cazadores en la imposibilidad de subsistir.
Fue entonces cuando los bucaneros y los filibusteros se unieron con el nombre de Hermanos de la Costa y volvieron a la Tortuga, con un deseo insaciable de venganza contra los españoles.
Aquellos valientes cazadores que nunca fallaban sus tiros, tan hábiles tiradores eran, prestaron una ayuda importante a la filibusterÃa, que enseguida experimentó un gran desarrollo.