El Corsario Negro
El Corsario Negro Anclado el buque, los corsarios interrumpieron el banquete, el baile y los juegos para saludar con ruidosos vivas el regreso del Corsario Negro, que gozaba entre ellos de una popularidad que corría pareja con la del famoso Olonés.
Ninguno ignoraba lo atrevido de su proyecto de arrancar vivo o muerto del gobernador de Maracaibo al pobre Corsario Rojo, y como conocían su audacia, habían acariciado la ilusión de que iban a verlos regresar a ambos.
Mas al ver que ondeaba a media asta la bandera, todas las manifestaciones ruidosas cesaron como por encanto, y aquellos hombres se reunieron en silencio en el fondeadero, ansiando saber noticias de los dos corsarios y de la expedición.
Desde lo alto del puente de órdenes, el caballero de Boccanera lo había visto todo. Llamó a Morgan, que mandaba en aquel momento que echasen al agua algunos botes, y señalándole los filibusteros agrupados en la playa, le dijo:
—Decid a esos que el Corsario Rojo ha recibido honrosa sepultura en las aguas del gran Golfo; pero que su hermano ha vuelto con vida para preparar la venganza.
Se interrumpió durante algunos instantes, y luego añadió cambiando de tono:
—Mandad avisar al Olonés que esta tarde saldré a buscarle; después, id a saludar en mi nombre al Gobernador. Más tarde iré yo mismo a verle.