El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿Qué decÃs, caballero? —pregunto sobresaltada la joven—. ¿Es que el Corsario Negro tiene prisa por volver al mar? ¿Apenas está de regreso de una expedición peligrosa y atrevida y quiere salir de nuevo en busca de aventuras? ¿Es que no sabe aún que en el mar puede acecharle la muerte?
—Lo sé, señora; pero el Destino me empuja todavÃa lejos, y seguiré andando.
—¿Y nada será capaz de reteneros? —preguntó ella con voz trémula.
—¡Nada, señora! —contestó él con un suspiro.
—¿Ningún afecto?
—¡Ninguno!
—¿Ni la amistad más grande? —preguntó la joven con creciente ansiedad.
El Corsario, que se habÃa puesto muy triste e iba a contestar con alguna negativa, se contuvo, y ofreciendo una silla a la joven, dijo:
—¡Sentaos, señora! ¡La cena va a enfriarse, y sentirÃa mucho no poder hacer los honores a esos platos, preparados por manos tan bellas como las vuestras!