El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Cómo! —exclamó el Corsario—. ¡Tú!
—¡SÃ; el español del bosque! —dijo el hombre flaco sonriendo—. ¡No ha querido usted ahorcarme, y por eso estoy vivo aún!
—¡Tú las pagarás por todos, tunante! —gritó el Corsario.
—¿Habré hecho mal en esperar a usted? En ese caso, lo siento, porque hubiera tomado tierra huyendo con los demás.
—¿Me esperabas?
—¿Quién me habrÃa impedido huir?
—¡Es verdad! ¿Y por qué te has quedado?
—Porque querÃa ver otra vez al que me perdonó la vida de modo tan generoso la noche que caà en sus manos.
—¡Bueno! ¡Adelante!
—Y además, porque querÃa hacer un pequeño servicio al Corsario Negro.
—¡Tú!
—¡Je, je! —dijo el español sonriendo—. ¿Le asombra eso?
—¡Confieso que sÃ!