El Corsario Negro
El Corsario Negro —No hay más de un pie o pie y medio de profundidad.
—¿Habrá serpientes?
—No estoy seguro.
—¡Entonces entremos también nosotros en el agua y apresuremos el paso! ¡Ya veremos hasta dónde han podido servirse de los caballos!
Entraron en el rÃo, primero el español y el negro el último, pues tenÃa el encargo de vigilar la retaguardia, y se pusieron en marcha, removiendo aquellas aguas obscuras, fangosas y llenas de hojas secas, que despedÃan peligrosos miasmas por su estado de descomposición.
El riachuelo estaba obstruido por toda especie de plantas acuáticas, las cuales veÃanse pisadas y quebradas en varios sitios. Allà habÃa matas de mucumucú, especie de aroÃdea ligera que se corta fácilmente, pues los troncos son en su casi totalidad de una materia esponjosa; grupos de arbustos de madera de cañón de tronco liso y de reflejos plateados que sirven para construir ligerÃsimas balsas: largas tiras sarmentosas que contienen un jugo lacticinoso que tiene la propiedad sorprendente de emborrachar a los peces si va mezclado con el légamo de los riachuelos o de los lagos pequeños, y otros varios vegetales que hacÃan el camino penosÃsimo.