El Corsario Negro
El Corsario Negro —La fruta ya está pasada.
No habÃa concluido de hablar, cuando uno de los globos estalló ruidosamente lanzando a derecha e izquierda una nube de granitos.
—¡No hacen daño! —dijo el catalán al ver que Carmaux y Wan Stiller daban un salto atrás—. Son granos de semilla. Cuando el fruto está ya tan maduro que comienza a pasarse, la corteza leñosa adquiere cierta resistencia, y al fermentar al cabo de cierto tiempo, estalla o revienta lanzando a gran distancia las semillas contenidas en los departamentos en que está dividida interiormente.
—¿Se comen esas frutas?
—Contienen una substancia lacticinosa que solamente comen los monos —respondió el catalán.
—¡Al diablo con los árboles bombas! —exclamó Carmaux—. ¡Creà que eran soldados del Gobernador que nos ametrallaban!
—¡Adelante! —dijo el Corsario—. ¡No olvidéis que vamos dándoles caza!
Volvieron a emprender la marcha por las aguas del rÃo, y después de andar como unos doscientos pasos vieron de pronto delante de sà una masa negruzca medio cubierta por las aguas y que ofrecÃa un obstáculo a la corriente.
—¡Ah! —exclamó el catalán.