El Corsario Negro
El Corsario Negro Algunos se mecían suspendidos por la cola y gritando de un modo que parecía decir eské, eské; otros en cambio, al ver pasar aquel pelotón de hombres se apresuraban a saludarlos disparando sobre ellos con imprudente malignidad hojas y frutos.
En medio de las ramas y hojas de las palmeras se veían también bandadas de minúsculos cuadrumanos llamados titíes, que son los más graciosos de todos; son tan pequeños, que se pueden llevar en el bolsillo de la chaqueta. Subían y bajaban las ramas buscando vivamente los insectos que constituyen su alimento; mas apenas veían a los hombres, se ponían apresuradamente en salvo encaramándose en las hojas más elevadas, y desde allí los miraban con sus inteligentes y expresivos ojos.
A cada paso que daban los filibusteros internándose, iban haciéndose menos espesos los árboles y los matorrales, como si no fuera de su agrado aquel terreno, saturado de agua y, probablemente, de naturaleza arcillosa.