El Corsario Negro
El Corsario Negro —Entonces, ¿de dónde va a salir la leche?
—Del árbol de la leche.
—¡Vamos a ordeñar al árbol de la leche!
El catalán pidió un frasco a Carmaux, y se acercó a un árbol de anchas hojas, de tronco grueso y liso, de unos veinte metros de altura, al que sostenÃan fortÃsimas raÃces las cuales, como si no hubieran encontrado sitio suficiente bajo tierra, salÃan a la superficie; dio un tajo en el tronco con su espada, y la introdujo profundamente.
Un instante después se vio salir por la herida un lÃquido blanco, denso, que, en efecto, parecÃa leche, y que tenÃa el mismo gusto que esta.
Todos bebieron paladeándola mucho; en seguida volvieron a ponerse en marcha metiéndose por entre los bambúes, aturdidos por el silbido ensordecedor, agudo e incesante de los lagartos.
El terreno era cada vez menos consistente. Por todas partes rezumaba el agua bajo los pies de los filibusteros, formando charcos que se alargaban con rapidez.