El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Tiene razón el compadre! —dijo Carmaux—. ¡Bajo las hojas veo algo que se mueve!
—Es el extremo del hocico de un jacaré, compadre —contestó el negro.
—¿De un caimán? —preguntó el Corsario.
—SÃ, patrón.
—¿Y se atreven a acometer también a tan formidables reptiles?
—SÃ, señor —dijo el catalán—. Si estamos callados, podremos presenciar una lucha terrible.
—Son poco pacientes ambos adversarios, y en cuanto se encuentren frente a frente no economizarán los bocados. ¡Ah! ¡Ya sale el jacaré!
Se apartaron bruscamente las hojas de la victoria, y dos enormes mandÃbulas armadas con dientes triangulares aparecieron alargándose hacia la orilla.
Al ver que se acercaba el caimán, el jaguar se levantó haciendo un movimiento de retroceso. Sin embargo, no debÃa de haber retrocedido por miedo a las mandÃbulas del reptil, sino con intención de atraer a tierra a su adversario, con objeto de privarle de uno de los principales medios de defensa, pues fuera del agua esos saurios se mueven con dificultad.