El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿Ha sido aquel animal?
—¡SÃ!
—¿Qué clase de bestia es esa?
—Le llaman zorrillo. Es una especie mal oliente de la familia de las martas, pero que, en lugar de despedir olor de almizcle, da ese otro, el más corrompido que se conoce, pues ni los mismos perros lo resisten.
—¿Y en qué sitio guardan ese perfume endiablado?
—En unas glandulillas que tienen debajo de la cola. ¿Te ha tocado alguna gota siquiera del lÃquido?
—No; porque todavÃa estaba un poco lejos.
—¡Pues has tenido suerte! ¡Si te hubiese caÃdo en la ropa una sola gota de ese lÃquido apestoso, tendrÃas que continuar el viaje tan desnudo como nuestro padre Adán!
—¡Y, sin embargo, hiedo peor que una letrina!
—¡Ya te fumigaremos!
—¡Que se vayan al infierno todos los zorrillos de la Tierra! ¡No puede haberme sucedido nada peor! ¡Vaya una figura que vamos a hacer a nuestro regreso! ¡Nos esperaban coa alguna caza, y, en lugar de caza, llevo a remolque un cargamento de este olor infernal!
El español no contestaba: reÃa hasta desquijararse oyendo las lamentaciones del filibustero, y procuraba estar siempre lejos de él, esperando a que el aire orease un poco al desgraciado cazador.