El Corsario Negro
El Corsario Negro —Eso es una señal, ¿verdad? —preguntó al catalán.
—SÃ, señor —contestó este—. ¡No es posible equivocarse!
—Los indios deben de estar cerca.
—Quizás más de lo que usted cree. Estamos en medio de matas espesÃsimas muy a propósito para una emboscada.
—¿Qué me aconsejas que haga? ¿Esperar a que se muestren o continuar marchando?
—Si ven que nos detenemos van a creer que es por miedo. Avancemos, señor y no perdonemos a los primeros que asomen.
Las modulaciones de la flauta volvieron a oÃrse, pero más cercanas.
ParecÃan salir de entre un gran grupo de palmeras caris, plantas que oponÃan a los exploradores una barrera insuperable con sus troncos erizados de largas y agudas espinas.
—¡Wan Stiller —dijo el Corsario volviéndose hacia el hamburgués—, procura hacer callar a ese músico misterioso!