El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡Demonio! —exclamó Carmaux—. ¡Hablan de ponernos en tartera, si no he comprendido mal!
—Nosotros no somos hombres blancos de los que han conquistado la costa reduciendo a la esclavitud a los caribes. Por el contrario, somos amigos suyos, y atravesamos estos bosques persiguiendo a algunos de vuestros enemigos, que han escapado —dijo, mostrándose al propio tiempo, el Corsario Negro.
—¿Eres tú el jefe? —preguntó el piaye.
—SÃ; el jefe de los hombres blancos que me acompañan.
—¿Y vais persiguiendo a otros blancos?
—SÃ; para matarlos. ¿Han pasado por aquÃ?
—SÃ; los hemos visto; pero no irán muy lejos, porque nos los comeremos.
—¡Y yo te ayudaré a matarlos! —Entonces, ¿tú los odias?
—Son enemigos mÃos.
—¡Idos a mataros a la costa, si asà lo queréis; pero no en el territorio de los arawakos! ¡Hombres blancos, volveos, u os haremos la guerra!
—Ya te he dicho que nosotros no somos enemigos de los hombres rojos. Respetaremos a tu tribu y vuestras carbets (cabañas), asà como vuestros graneros.
—¡Hombres blancos, volveos! —repitió con más fuerza el piaye.
—¡Escúchame!