El Corsario Negro
El Corsario Negro Ya habÃan atravesado los filibusteros la parte más espesa de la selva cuando, a través de las hojas, vieron una luz vivÃsima que se reflejaba en las alturas.
—¿Son los indios? —preguntó deteniéndose el Corsario.
—Sà —dijo el catalán.
—¿Están acampados en derredor del fuego?
—SÃ. Pero ¿qué será lo que guisan en aquella hoguera? —dijo el catalán muy emocionado.
—¿Algún prisionero quizás?
—¡Mucho lo temo, señor!
—¡Canallas! —murmuró el Corsario, que experimentó un vivo estremecimiento—. ¡Venid, amigos; vamos a ver si Wan Guld ha huido de la muerte, o si ha encontrado aquà el castigo de sus delitos!