El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿Qué es lo que dices? —preguntó el Corsario, que estaba más arriba, casi perpendicularmente a él—. ¡Wan Stiller está delante de mÃ!
—Entonces, ¿quién es el que mueve la rama y me balancea? ¿Se habrá refugiado aquà arriba algún arawako?
Miró en derredor, y a diez pasos de distancia, en medio de un montón de hojas reunido casi en el extremo de la rama en que él se encontraba, vio brillar los puntos luminosos de color amarillo verdoso.
—¡Por los arenales de Olona, como dice Ñau! —exclamó Carmaux—. ¿En compañÃa de qué animal estoy yo? ¡Eh, catalán, mira un momento y dime a qué clase de animalito pertenecen esos ojos tan feos que asà me miran!
—¡Cómo! —exclamó el español—. ¿Hay alguna alimaña en este árbol?
—¡SÃ! —dijo el Corsario—. ¡Me parece que estamos en muy mala compañÃa!
—¡Y los indios van a llegar de un momento a otro! —agregó Wan Stiller.
—También yo veo un par de ojos —contestó el catalán levantándose—; pero no sé si son de un puma o de un jaguar.
—¡De un jaguar! —exclamó Carmaux estremeciéndose—. ¡No faltaba más sino que se lanzara sobre mà y me hiciese caer encima de los arawakos!