El Corsario Negro
El Corsario Negro Aquel islote, que debía de encontrarse en la boca del pequeño río Catatumbo, que desagua en el lago un poco más abajo del Suana y que corre por en medio de una región rica en lagos y lagunas, tendría un kilómetro de circuito.
Se erguía en forma de cono, y alcanzaba una altura de trescientos o cuatrocientos metros; estaba cubierto de una vegetación espesísima, en su mayor parte formada por bellísimos cedros, algodoneros, euforbias erizadas de espinas, y palmeras de varias especies.
Llegados que fueron los filibusteros a la falda del cono sin haber encontrado ser viviente, se detuvieron un instante para respirar, pues se hallaban completamente rendidos, y en seguida se metieron por en medio de la maleza y de las matas espinosas y bajo los árboles que crecían en las pendientes, decididos a llegar a la cumbre para vigilar los movimientos del enemigo y deliberar acerca de lo que había que hacer sin temor a que los sorprendieran.