El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿Y cuándo vamos a emponzoñar el agua?
—En cuanto tengamos la certeza de que nuestros enemigos se disponen a asaltar la colina.
En aquel momento el Corsario abandonó la cima de la roca que le servÃa de observatorio, y descendió al pequeño campo atrincherado, diciendo:
—Las chalupas han rodeado a la isla.
—¿Se disponen a bloquearnos? —preguntó Carmaux.
—Y de un modo riguroso.
—Pero nosotros estamos dispuestos a sostener el sitio, Capitán. Detrás de estas rocas y de estos espinos podremos resistir largo tiempo; quizás hasta que llegue el Olonés o los filibusteros.
—SÃ; si es que le dan tiempo los españoles. He visto desembarcar más de cuarenta hombres.
—¡Ay! —dijo Carmaux—. ¡Son demasiados; pero cuento con el nikú!
—¿Qué es eso del nikú? —preguntó el Corsario.
—¿Quiere usted venir conmigo, Capitán? Antes de que lleguen hasta aquà los españoles transcurrirán cuatro o cinco horas, y a nosotros nos basta con una.
—¿Qué es lo que quieres hacer?
—Ya lo verá usted, Capitán. Venga usted, que Wan Stiller permanecerá de guardia en nuestra roca.