El Corsario Negro
El Corsario Negro Asà diciendo, el marinero habÃa desenvainado el sable de abordaje, y cortó varias de aquellas ramas sarmentosas, a las cuales llaman nikú los indios de Venezuela y de la Guayana y robinia los naturalistas, y formó varios haces, que dejó en una peña que caÃa casi perpendicularmente sobre el estanque.
Cuando hubo reunido treinta o cuarenta haces cortó algunas ramas bastante fuertes, y le alargó una al Corsario, diciéndole:
—¡Golpee usted las plantas con ese palo, Capitán!
—Pero ¿qué es lo que quieres hacer?
—Intoxicar el agua de este estanque, mi Capitán.
—¿Con esta especie de lianas?
—SÃ, señor.
—¡Carmaux, tú estás loco!
—¡Nada de eso, mi Capitán! El nikú emborracha a los peces, y en los hombres produce cólicos tremendos.
—¿Emborracha a los peces? ¡Vamos! ¿Qué historia me estás contando, Carmaux?
—Entonces, ¿usted no sabe cómo se las arreglan los caribes cuando quieren coger peces?
—Se sirven de redes.
—No, Capitán; dejan destilar en los lagos pequeños el jugo de esta planta, y poco después los pescados suben a la superficie retorciéndose desesperadamente y dejándose coger con la mejor voluntad.