El Corsario Negro
El Corsario Negro —No; el negro es fuerte como un hércules, y lo necesito para que me ayude a transportar el cadáver de mi hermano. ¡Ven, Carmaux; iremos a beber una botella de vino de España en Maracaibo!
—¡Mil tiburones! ¿A estas horas, Capitán? —exclamó Carmaux.
—¿Tienes miedo?
—¡Con vos bajarÃa al Infierno a coger por las narices al señor Belcebú; pero temo que nos descubran!
Una sonrisa burlona contrajo los sutiles labios del Corsario.
—¡Lo veremos! —dijo—. ¡Ven!