El Corsario Negro
El Corsario Negro —Hemos hecho bien en dejar nuestro campamento. ¡Sesenta hombres! ¿Quién hubiera podido hacer frente a semejante acometida?
—¡Vaya una sorpresa desagradable para ellos, Carmaux, cuando no encuentren más que espinas y piedras!
—¡Se las llevarán al Gobernador!
—¡Adelante! —dijo el Corsario en aquel momento—. ¡Es preciso llegar a la playa antes de que los españoles se den cuenta de nuestra fuga! ¡Si antes dan la voz de alarma, no nos será posible apoderarnos de ninguna chalupa!
Seguros ya de que no habÃan de encontrar más obstáculos ni correr el peligro de que los descubrieran, los filibusteros descendieron en dirección del lago, tomaron por la vertiente opuesta, y se metieron por el valle sobre el cual habÃan arrojado los pedruscos, pues querÃan ir a la playa meridional del islote con objeto de alejarse de la carabela.
El descenso lo realizaron sin incidente alguno, y antes de medianoche desembocaron en la playa.