El Corsario Negro
El Corsario Negro —¡No! —contestó con voz tonante el Corsario—. ¡Los hombres de mar mueren, pero no se rinden!
—¡El Gobernador promete respetar vuestra vida!
—¡Aquà está mi respuesta!
El Corsario apuntó rápidamente el arcabuz e hizo fuego, tumbando a uno de los remeros.
En la tripulación de las tres chalupas estalló un grito de furor.
—¡Fuego! —se oyó gritar.
La culebrina relampagueó con estrépito. Unos segundos después la chalupa de los fugitivos se inclinaba hacia la proa y embarcaba agua a torrentes.
—¡A nado! —gritó el Corsario, dejando caer el arcabuz.
Los dos filibusteros descargaron los fusiles contra la gran chalupa, y en seguida se echaron al agua, en tanto que el bote, cuya proa hizo pedazos la bala del cañoncito, se ponÃa quilla al aire.
—¡Los sables en los dientes y dispuestos para el abordaje! —bramó el Corsario—. ¡Moriremos en la cubierta de la chalupa!
Sosteniéndose a flote con trabajo, los tres filibusteros nadaron desesperadamente, dirigiéndose a la embarcación, decididos a intentar una lucha suprema y a morir antes que rendirse.