El Corsario Negro
El Corsario Negro —¿No les has visto dirigirse hacia Gibraltar a bordo de la carabela del Conde?
—SÃ, Pedro; pero ya sabes lo astuto que es. Más adelante ha podido cambiar de rumbo para no verse en el peligro de que le cojan entre los muros de la ciudad.
—Eso es cierto —dijo el Olonés, que se habÃa quedado pensativo—. ¡Ese condenado Duque es más listo que nosotros, y quizá se haya apartado de Gibraltar para ponerse a salvo en las costas orientales del lago! Yo he sabido que tiene parientes en Honduras y en Puerto Cabello, y no serÃa extraño que tratase de huir del lago para refugiarse allÃ.
—¿Ves, Pedro, cómo protege la suerte a ese viejo?
—¡Ya se cansará! ¡Ah! ¡Si llego a tener la certeza de que se ha refugiado en Puerto Cabello, no dudaré ni un momento en ir a buscarle! Aquella ciudad merece una visita, y estoy seguro de que todos los filibusteros de las Tortugas me seguirÃan para meter mano en las incalculables riquezas que allà hay. Si no le encontramos en Gibraltar, ya pensaremos lo que debemos hacer. Te he prometido ayudarte, y ya sabes que el Olonés no ha faltado nunca a su palabra.
—¡Gracias; cuento contigo! ¿Dónde está mi Rayo?