El Corsario Negro
El Corsario Negro —Lo he enviado a la salida del golfo con otros dos barcos de Harris, para impedir que nos molesten los buques de guerra españoles.
—¿Cuántos hombres traes contigo?
—Ciento veinte, pero esta misma noche llegará el Vasco con otros cuatrocientos, y mañana a primera hora daremos el asalto a Gibraltar.
—¿Esperas lograrlo?
—Tengo la convicción de ello, aun cuando he sabido que los españoles han reunido ochocientos hombres resueltos, han dejado intransitables los caminos de la montaña que conducen a la ciudad, y han levantado varias baterÃas. ¡Tendremos que roer un hueso muy duro, que nos hará perder mucha gente; pero nosotros venceremos, amigo!
—Estoy dispuesto a seguirte, Pedro.
—Contaba con tu poderoso brazo y con tu valor, caballero. ¡Ven, vamos a cenar a bordo de mi barcaza, y después te acostarás! Creo que tienes necesidad de reposo.
El Corsario, que por un milagro de energÃa se sostenÃa en pie, le siguió, mientras que los filibusteros desembarcaban en la playa para acampar en las lindes del bosque hasta que llegara el Vasco con sus compañeros.