El Corsario Negro

El Corsario Negro

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Informado en el acto el Olonés de cuanto habían contado los espías, no vaciló su ánimo y en la noche siguiente, reunidos todos los jefes, pronunció aquellas hermosas palabras, conservadas por la Historia[6], que demuestran la confianza que tenía en sí mismo, y cuánto contaba con el valor de sus corsarios.

—¡Es preciso, hombres del mar, que mañana nos batamos valerosamente! —dijo—. ¡Si sucumbimos, además de la vida, perderemos nuestros tesoros, que tanta sangre nos han costado! ¡Hemos vencido a enemigos mucho más formidables, que los que se han reunido en Gibraltar, y allí ganaremos mayores riquezas! ¡Mirad a vuestro jefe, y seguid su ejemplo!

Llegada la media noche arribaron a la plaza las barcazas de Miguel el Vasco, que iban tripuladas por cuatrocientos hombres.

Los filibusteros del Olonés levantaron el campo y se dispusieron a partir para Gibraltar, ante cuyos fuertes contaban llegar por la mañana, pues no querían aventurarse en un asalto nocturno.

Apenas desembarcaron, los cuatrocientos hombres del Vasco se ordenaron en columnas, y el pequeño ejército guiado por sus tres jefes, comenzó la marcha a través de los bosques, dejando de guardia en las chalupas unos veinte filibusteros.


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